Hijodelachingada 1

Antes creía que el miedo era el que me daba todo el valor de hacer las cosas. Pero antes también era pequeña, ingenua y al parecer creía vivir en una burbuja. Después todo cambió, se puso a veces mejor, a veces peor. 

Para mi existían dos tipos de miedo: le tienes miedo a que lo horrible dure para siempre o que lo bueno acabe pronto. Muchas veces escuché que para entender a los miedos que te atacan hay que ponerles nombres, yo podría ponerles nombres como: hijodelachingada 1, hijodelachingada 2 y así hasta el infinito, pero después entendí que se refería a explicarte a ti (porque el miedo atonta) a qué era a lo que le tenías miedo, por ejemplo, aquí mi lista:
  1. miedo a las turbulencias
  2. miedo a los desastres naturales
  3. miedo a que esa paloma negra se pare en mi ojo
  4. miedo a que a Gustavo no le guste mi lasagna
  5.  miedo a reprobar el último examen en la facu
  6.  miedo a que mi abuelito un día ya no se acuerde de mi nombre
  7.  miedo a no poderme comprar esa casa en el campo
  8.  miedo a que mi sueño de ser la gran escritora nunca se haga realidad
  9. miedo a morirme sola
  10. miedo a que nadie nunca me quiera como soy (ni yo)
Y justo enseguida de eso, el estúpido artículo ya no te decía que más hacer. O sea que, ahí andaba yo, con mis miedos bien bautizados, siguiéndome a todos lados. Estuve un tiempo investigando y pasando  días tirada en mi cama pensando lo inútil que yo era y deseando despertar muerta, entendí que no podía seguir paralizándome, como atándome con cadenas súper pesadas.

Ya eran cinco, cinco largos años de mi vida, en los que me despertaba con un nuevo miedo que me había encargado de incubar una noche antes y, como si a la mañana siguiente, estuviera listo para arruinar mis planes.

Yo sé que tal vez, están esperando que les diga qué hacer, pero no, yo tampoco me sé la fórmula, hasta ahora me ha funcionado no parar. Seguir con miedo, siempre, avanzar con miedo, tirarse del paracaídas con miedo, saltar al vacío con miedo, ir a esa entrevista de tus sueños con miedo, besar con miedo, llorar con miedo, reír con miedo, abrazar con miedo, caminar con miedo y dormir con miedo. 

Porque al final, creo que lo que el dichoso artículo quería decirme es que los miedos nunca se van. A lo mejor, cuando uno se muere, también se muere con miedo, el miedo de saber si pasaste o no el examen final al cielo, si del otro lado de la luz están tus abuelos o tus perros esperándote. 

La cosa es que si tienes miedo y sueños, los hagas, aunque sean con miedo. Esto no te puede parar, y solo quería decirte que a mí ya me pasó, me quedé quieta por años esperando a que se fueran y me di cuenta que eso no sucedería. Así que ahí voy a la vida, muerta de miedo pero siempre yendo. 

Aura (:


Para llegar no hay que correr tan solo hay que seguir andando

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